HISTORIA

CREACIÓN

La idea de impulsar el futbol en un estado netamente beisbolero se presentaba como una locura más, como un simple capricho de alguien que terminaría dándose por vencido. Sinaloa, un lugar acostumbrado a festejar los hits y las carreras de los Tomateros, se convirtió abruptamente en el hogar de los Dorados. Fue el 9 de agosto del 2003 cuando el balompié de la Primera División A hizo su aparición en territorio sinaloense. Y la pelota ya no dejaría de girar… Cuando Eustaquio de Nicolás y Valente Aguirre anunciaron la creación de los Dorados, muy pocos, por no decir nadie, se atrevieron a respaldarlos. “Será una de tantas iniciativas que fracasan”, pensaban los escépticos. El tiempo y el juego en sí mismo terminarían demostrando lo contrario. Desde aquel histórico 9 de agosto, la afición sinaloense aprendió a latir al ritmo de un balón y a gozar inigualablemente a lo largo de noventa minutos. La pasión dorada comenzaba a ser un sueño convertido en realidad.

EL ASCENSO

Los planes se vieron acelerados por los excelentes resultados. Antes de iniciar su participación en el Torneo de Apertura 2003 de la Primera División A, la directiva sinaloense tenía prevista la consecución del ascenso hasta tres o cuatro años más tarde. Sin embargo, los triunfos no tardaron en arribar. La escuadra dirigida por Juan Carlos Chávez emergió con paso victorioso y rápidamente se convirtió en la envidia de los demás participantes. Prácticamente sin darse cuenta, los Dorados accedieron a la gran final. El 20 de diciembre del 2003, los sinaloenses alcanzaron su primer título al vencer con gol de oro, obra de Guadalupe Castañeda, a las Cobras de Ciudad Juárez. Era sólo el principio. La historia no cambió mucho para el Clausura. El flamante campeón sinaloense se mantuvo en los primeros sitios y volvió a entrar a la batalla final por la corona. Ciento ochenta minutos separaban a los Dorados del ascenso al máximo circuito. Pero el destino quiso alargar la espera, como pretendiendo aumentar la emoción. Los Panzas Verdes de León se impusieron por dos a uno en el global y obligaron a que se disputara una nueva serie entre ambos para definir cuál de los dos sería un equipo auténticamente de Primera. No había mañana para los Dorados. Dos partidos frente a los históricos guanajuatenses marcaban la distancia entre ingresar a la elite del balompié mexicano o permanecer en la división de ascenso. El primer episodio plagó de optimismo el corazón sinaloense. Un empate a dos goles en el Nou Camp dejó la mesa puesta para que el Carlos González y González se uniera en una sola voz, en un solo sentimiento, el sentimiento Dorado. La pasión tenía que explotar tarde o temprano. Sinaloa añoraba su primera gran celebración futbolística, y la vivió a partir del minuto ochenta del regreso, cuando Roberto Domínguez marcó el tanto de la gloria, el tanto que selló el ingreso a la Primera División.

LA PRIMERA DIVISIÓN: VIVIENDO EL SUEÑO

El 15 de agosto de 2004 quedó marcado para siempre como el día en el que los Dorados irrumpieron en el máximo circuito. El escenario de su presentación no podía ser otro, tampoco el rival. Los sinaloenses ni tiempo tuvieron para mentalizarse cuando el estadio Azteca y las Águilas del América les daban la bienvenida. El resultado fue lo de menos. El benjamín de la Primera División, dirigido por el costarricense Alexandre Guimaraes, sucumbió ante los de casa, pero el orgullo de estar entre los grandes lo era absolutamente todo. Jared Borgetti y Héctor López inscribieron su nombre con letras de oro al conseguir las primeras dianas del cuadro pesquero en Primera División. La nueva experiencia sinaloense encontró motivos de alegría apenas en la segunda jornada. El 21 de agosto, el Carlos González y González fue testigo del primer triunfo de los Dorados. Con un par de anotaciones de Jared Borgetti, los de Culiacán vencieron por dos goles a uno al Santos Laguna de Torreón. El festejo se hizo en grande. Los momentos de alegría no son eternos. Una vez que la algarabía por haber convertido un sueño en realidad fue disminuyendo, una realidad despiadada y atemorizante aguardaba a los Dorados. El polémico sistema de competencia en el futbol mexicano obliga a que las escuadras recién ascendidas sumen puntos de donde se pueda, so pena de perder la categoría. Los sinaloenses no pudieron escapar de dicha problemática. A partir de la octava jornada del Apertura, los resultados satisfactorios escasearon. La directiva se vio presionada y consideró que la salida de Guimaraes era la mejor opción. José Luis Real tomó la batuta dejada por el estratega centroamericano. La solución no presentó los efectos deseados, pues en cuatro partidos dirigidos por Real, sólo se consiguió la victoria en la última fecha. Sin embargo, los dirigentes apostaron por la continuidad y se resignaron a jugarse la vida en el Clausura.

EL MILAGRO SE HIZO POSIBLE

La suerte parecía echada. Los problemas porcentuales de Dorados eran severos y su plantel no parecía tener la capacidad para revertir tan penosa situación. Aunado a esto, la magnífica actuación de los Tecos en las primeras jornadas provocó que la batalla por no descender fuera una exclusividad de Puebla y Sinaloa. Mientras que los camoteros se armaron hasta los dientes, el conjunto pesquero apostó por la continuidad. La balanza se equilibraba a favor de los de la Angelópolis, al menos eso concluía el medio futbolístico. Pero el balón nada sabe de lógica. Tras las siete fechas iniciales del Clausura, Dorados estaba completamente hundido. La entidad pesquera registraba apenas cinco unidades, su porcentaje bajaba dramáticamente y el ánimo de los jugadores se arrastraba por los suelos. Parecía cuestión de tiempo para que el descenso sinaloense se confirmara matemáticamente. La renuncia de José Luis Real, quien pasó a ocupar el puesto de director deportivo, se advirtió como el anticipo de un fracaso. Nadie imaginaba que el milagro estaba por llegar. Carlos Bracamontes, designado por la directiva como el sustituto de Real, arribó con todos los pronósticos en contra. No obstante, el equipo mejoró en unos cuantos días y ligó cuatro victorias y dos empates en seis enfrentamientos. La heroica faena quedó consumada el 30 de abril del 2005, cuando un gol de Aurelio Molina a los setenta minutos de acción mató las esperanzas poblanas y aseguró la permanencia del cuadro sinaloense entre los dieciocho grandes de nuestro balompié. No quedó lugar a dudas, los Dorados eran un equipo de Primera.

EL DESCENSO

El comienzo del Apertura 2005 marca un nuevo reto para los Dorados. La presión por el no descenso seguirá siendo importante; sin embargo, en Sinaloa son ambiciosos y no sólo esperan mantener la categoría, sino desplegar un estilo de juego efectivo y espectacular. Para ello, se adquirieron refuerzos fundamentales en cada una de las líneas. Como refuerzo estelar se presenta el “Loco” Sebastián Abreu, quien tiene frente a sí la difícil misión de encabezar un equipo que no sabe de límites. En pocas palabras, Dorados hace posible lo imposible. Para el Clausura 2006 Dorados pasa por una de las etapas más difíciles de su corta existencia. La lucha jornada a jornada por no descender a la primera "a" es cada vez más constante, es hasta la última jornada del torneo de Clausura 2006 donde Dorados define su situación, y desafortunadamente se desciende a la primera división de ascenso.